“La cerámica absorbe, cuando estás mal todo se rompe, nada perdura. Es la materia absorbiendo tus emociones”, esas palabras me las dijo una ceramista y me hablaba sobre cómo hacer cerámica es un acto que depende completamente de tu sentir, de la energía que le das a tus piezas y la conexión de tu mente, alma y cuerpo, si estás mal, lo siente y si estás bien, también. Llevo un tiempo pensando mucho en el suelo y en lo que representa más allá de lo que por superficie podemos observar.

El suelo, es la materia prima de la cerámica y es una parte fundamental de la vida donde ocurren muchas interacciones, desde las más pequeñas hasta las más grandes y es realmente sorprendente tratar de entender la forma en que se transforma y esto es algo que recientemente me hizo clic, aunque ya lo sabía no me había hecho consciente de cómo los 4 elementos forman parte de la construcción de la cerámica y como podemos encontrar en su proceso, la calma y el ejemplo claro de que el tiempo es clave para alcanzar lo que queremos:
1. Tierra: Cuerpo y memoria
La Tierra es la base de todo; es el elemento que aporta la estructura. Gracias a años de procesos geológicos podemos obtener una materia con un conjunto de propiedades minerales y plasticidad con capacidad de sostenerse así misma.
2. Agua: Vida y flexibilidad
El Agua es el mediador, sin ella, la tierra es solo polvo o piedra. Al entrar en contacto, actúa como un lubricante que otorga plasticidad, siendo el elemento que da vida y nos permite moldear.
3. Aire: Paciencia y transición
El Aire comienza su trabajo: la evaporación. Retira suavemente el agua sobrante para que la pieza llegue a un estado de “cuero" y, finalmente, seque por completo. Es una etapa crítica; el aire prepara la estructura interna eliminando la humedad para que la pieza sea capaz de pasar a la fase final.
4. Fuego: Transmutación
El Fuego es el cierre del ciclo, al contacto con la tierra provoca una reacción química irreversible: vitrifica los minerales, sellando la unión de los elementos anteriores, otorgando dureza y resistencia.

Cuando vemos una pieza final, no solo estamos viendo un objeto, estamos presenciando el poder del suelo y los elementos para crear algo nuevo, además, encontramos historia y huella del artista. Me gusta mucho pensar que en cada pieza queda impregnada una parte de mi, al pasar mis manos al rededor de una pieza terminada puedo sentir las marcas que he dejado, si sigues el contorno, puedes encontrar el movimiento.
Y como última palabra del día, recuerda encontrarte en la magia del proceso, entre el caos, la duda y la incertidumbre. El tiempo es clave para materializar los sueños.
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